Un lateral Imprescindible

La temporada 2016/2017 reafirmó el peso ofensivo que tienen los laterales en los sistemas de juego modernos. Además del auge de los dibujos con tres centrales y de la ascendencia que tuvieron los del Real Madrid en la consecución de una nueva Copa de Europa, dos de los equipos más exuberantes a nivel ofensivo multiplicaron su peligro gracias a sus laterales izquierdos. Uno de estos fue el Mónaco de Benjamin Mendy, el otro el Nápoles de Faouzi Ghoulam.
La clave que vincula su juego es la brutal constancia con la que atacan los últimos metros del campo. Al ser laterales, obviamente, parten desde muy atrás. Pero la cuestión es que gracias a su motor físico siempre llegan muy arriba. Y sin necesidad de que el equipo se pare para darles tiempo. Al contrario de lo que sí pasaba en décadas anteriores, donde los laterales se incorporaban una vez los extremos ya habían recibido, ahora existen futbolistas como Mendy y Ghoulam que, simplemente, llegan una y otra vez sin importar qué hay por delante. En este caso, de hecho, ambos tenían por delante a dos futbolistas a los que desde luego no se les puede catalogar como extremos, sino más bien como mediapuntas, pero lo cierto es que tanto Insigne como Lemar sí que iniciaban las jugadas muy escorados para ensanchar el campo. Es decir, el espacio que luego atacaban Mendy y Ghoulam no estaba tan vacío. Estaba ocupado de una manera que potenciase la proyección de los laterales sin estorbar ni estrechar el circuito asociativo de ambos conjuntos.
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Su importancia era capital porque, en este contexto, además de motor físico, ambos laterales franceses mostraban un timing perfecto para leer e interpretar los momentos en los que tenían que romper. Eran indetectables por partir desde tan lejos e indefendibles por saber siempre cuándo, cómo y de qué manera proyectarse. Por eso, pese a mantenerse el sistema, sin ellos en el campo la historia era y está siendo muy diferente. Obviamente el Mónaco de esta temporada no sirve para comparar, pues han cambiado demasiadas cosas. Pero la baja de Faouzi Ghoulam en el Nápoles de Sarri sí que nos está permitiendo valorar con brutal precisión lo imprescindible que puede terminar siendo un lateral en un equipo moderno.
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Hasta su baja, el equipo de Sarri llevaba 30/33 puntos. Desde su dura lesión de ligamento, los partenopeos han bajado su ritmo de puntuación hasta los 8/15 puntos. Han pasado de anotar 2,9 goles por partido a marcar sólo tres en los últimos cinco encuentros. Y han caído eliminados de la Copa de Europa. El cambio de signo en la temporada del SSC Nápoles, evidentemente, obedece a varios factores. El equipo ha perdido frescura y la ausencia de Insigne también se está notando. Pero no es ni mucho menos casualidad que todo esto se produjera en el momento en el que Ghoulam cayera lesionado. El lateral francés de ascendencia argelina era la constante necesaria de ese sector izquierdo tan fértil.
Con Hamsik ocupando el interior, Insigne viniendo entre líneas y Dries Mertens variando su posición según interesase, el Nápoles necesita en su lateral a un jugador que ataque el espacio que nadie vigila cuando estos tocan, crean y se mueven. Ese jugador que sorprende aunque se le espere. Y que, una vez llega, tenga el tacto para aprovechar la situación. Ghoulam lo tiene. Mendy también. Ahora a Sarri le toca solucionar la papeleta que Pep zanjó con Delph. Y no lo tendrá fácil.